by scanulef / Septiembre 26, 2016 / in eje balmaceda / 0 comments

La integración de La Frontera al proyecto nacional-estatal chileno: La modernización y diversificación cultural, socioeconómica y urbana de Temuco

La consolidación del sector de la Estación de Trenes en las primeras décadas del siglo XX, con el consiguiente aumento del tráfico de productos y personas, va demandando una serie de servicios e infraestructura en el área, especialmente bodegas de acopio de productos agrícolas, restaurantes y pensiones para los comerciantes y trabajadores que aumentaban junto con la actividad de la Estación, lugares de estacionamiento para el transporte de tracción animal – mayoritario en la época -; también pequeños talleres de artesanías y oficios asociados a esta bullante actividad como maestranzas, herrerías, carpinterías, etc.. Esta demanda comienza a resolverse en forma paulatina con el desarrollo del eje vial constituido por  Avda. Balmaceda, que fungía como primer límite norte de la ciudad,  cuyo inicio se ubica aledaño a la misma estación de trenes, proyectando el transporte de carga y personas hacia los variados destinos de La Frontera poniente, y vice versa, a través de su conexión con la polvorosa avenida Pedro de Valdivia.

Parte la Avda. Balmaceda con un lugar dedicado a la reivindicación del carácter nacional que recién se instauraba a inicios del siglo XX en La Frontera tras la guerra de ocupación contra el pueblo Mapuche: se disponen ahí el monumentos al Roto Chileno, icono del tipo humano nacional, héroe popular de las guerras nortinas, sujeto mestizo, campesino y busca vida; y a Hernán Trizano – migrante italiano, militar a pago, policía rural -, para algunos héroe contra el azote del vandidaje que asolaba los campos de La Frontera en sus albores, y para otros el “Bufalo Bill” de la Frontera, una suerte de pistolero que arrasó no solo con cuatreros sino que también y muy especialmente con comunidades indígenas que inhibían la expansión de los terratenientes recién avecindados en tierras ancestralmente Mapuche. En la sección que va entre estos monumentos fue donde se observó la implementación de instalaciones comerciales suplementarias de la actividad agrícola dinamizada por el Tren. Con el incremento exponencial de la actividad económica en el sector muchas familias empezaron a experimentar un auge económico que años después presionó para la instalación de inmuebles habitacionales, ahora haciendo uso de los materiales, técnicas y estilos que correspondían con las tendencias de vanguardia en la época, empezando a modificarse la fisonomía de la avenida, mezclando construcciones industriales y comerciales con construcciones residenciales para las familias que iban escalando socioeconómicamente.

Mientras tanto, en el extremo poniente de la avenida, en medio de un paisaje aun rural, se ubicaba el cementerio general de la ciudad, lugar en torno del cual y de forma espontanea fue asentándose una población de personas que hacían su vida al rededor de las labores fúnebres: floristeras, enterradores, jornales para la construcción de tumbas y mausoleos; a esta población se sumaba un importante contingente de campesinos de distintas denominaciones que ingresaban a la ciudad para allegar sus productos hacia el sector comercial establecido en los alrededores de la Estación de Trenes donde los comercializaban o desde donde los despachaban a otros lugares. Ahí floreció un sector comercial de pequeños comerciantes y humildes consumidores campesinos que buscaban productos de primera necesidad, y a bajo costo, así como también servicios de alimentación para palear las extenuantes jornadas de trabajo y las largas travesías fronterizas.

Con el transcurso de las décadas, el espacio bacante entre el inicio de la avda Balmaceda, al lado de la Estación de Trenes, y su extremo poniente en torno del cementerio, fue utilizado para la instalación de inmuebles públicos relacionados a la educación y al fomento de la vida ciudadana como establecimientos educacionales y espacios públicos de recreación y esparcimiento, en torno de los cuales fueron ubicándose nuevas residencias, en una mescla de habitaciones originales de los antiguos trabajdores asociados a las actividades comerciales circundantes al Cementerio e inmuebles de las nacientes clases potentadas que surgieron del auge que vio la ciudad en esta zona. En la actualidad un recorrido por esta avenida representa un recorrido por la genealogía urbana de la capital de La Frontera

Hoy, la memoria de esta etapa de la biografía urbana de Temuco – su proceso de incorporación al proyecto estatal/nacional – se puede reconocer en la propia estructura de la Avenida, sus formas, disposición, estructuras y espacios, así como también en sus monumentos, viviendas antiguas de influencia arquitectónica europea, clásica y moderna, en la Biblioteca Galo Sepulveda, el Liceo de Niñas, el Liceo Agrícola/ Hombres/ateneo, y en el mismo Barrio Coilaco, aledaño al Cementerio y a los pies del Parque Cerro Ñielol.

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