by scanulef / Septiembre 22, 2016 / in planta fundacional / 0 comments

La institucionalización de La Frontera: la fundación de Temuco

La fundación de Temuco es el resultado de una verdadera epopeya moderna, de esas forjadas en base a una mezcla de razón, voluntad y violencia. Está protagonizada por un pequeño grupo de criollos chilenos, principalmente militares profesionalizados, milicianos del bajo pueblo y sus mujeres, y técnicos, todos ellos mal apertrechados y en condiciones extremas de aislamiento: sin comunicación ni acceso caminero en la tremenda distancia que hay hasta Concepción, centro logístico y político en la época. Ellos – en las postrimerías de la guerra de ocupación militar ejecutada por el estado chileno para anexar el ancestral territorio Mapuche a la soberanía nacional, y bajo intenso ataque indígena – se instalan en un fortín de troncos y ramas, en medio de una exuberante selva húmeda, a orillas del rio Cautín, lugar donde se dispone de abundante madera para la construcción y agua para hidratar a las personas e higienizar el espacio de vida. En estas precarias condiciones el pequeño grupo de buscavidas se procura las circunstancias necesarias para resistir y mantener la posición, como destacamento tras líneas enemigas, en la estrategia de invasión que consideraba el ingreso del ejército chileno al territorio Mapuche  por el norte. Entre enfrentamientos, negociaciones y alianzas se logra una paz inestable que provee cierto clima de seguridad en torno de la empalizada, condición que incentivó la instalación ahí de familias chilenas, mapuche y extranjeras atormentadas por la atmósfera de guerra imperante en la región; con ellas comienza a crecer un villorrio a partir de unas pocas calles ubicada en las inmediaciones del fuerte, creciendo la ciudad – cuando aumento su nivel de actividades – hacia la ribera del rio Cautín en un punto donde se facilitaba el paso hacia la ribera sur de éste. Se emplazaron ahí instalaciones manufactureras de trigo, madera, carne y cuero, las que vinieron a representar la fuente del sustento de las familias pioneras y un polo de atracción para numerosa población nacional tanto como extranjera.  Corona este ciclo de auge demográfico, económico y urbano la instalación del puente sobre el rio Cautín, obra que, junto con consolidar la ciudad como polo de actividad económica de La Frontera, termina por unificar el territorio nacional tal como lo conocemos hoy.

Hoy, la memoria de esta etapa de la biografía urbana de Temuco – el nacimiento de la capital de La Frontera – se puede reconocer en instalaciones existentes en el Regimiento Tucapel, donde permanecen 2 construcciones que testimonian aquellos tiempos: una, la capilla católica, y la otra, habilitada como pequeño museo; así también, en el sector constituido por la Isla Cautín, la población Pichi Cautín y el barrio Aldunate Sur, donde quedan vestigios del ecosistema, la orografía y las primeras formas de construcción habitacional, productiva y urbana materializadas a orillas de rio; finalmente, en la estructura del puente ferroviario sobre el rio Cautín, la cual condensa la esencia de la arquitectura ferroviaria regional de finales del siglo XIX.

 

 

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